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Bioetanol ¿El combustible que viene?

 

Crear combustible a partir de residuos de maíz, trigo, mango y moringa es una realidad en Sinaloa gracias a la profesora Claudia Castro Martínez

LORENA CARO


Algunas de las mejores carreras científicas de Sinaloa y del norte de México han surgido en el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (Ciidir), en Guasave, donde en los últimos años comienzan a liderar las mujeres. 

Claudia Castro Martínez se ha apoderado del laboratorio de bioenergéticos en dicha institución y está a cargo de uno de los proyectos más ambiciosos: la creación de bioetanol segunda generación, que genera combustible a base de residuos de maíz, caña, sorgo y trigo, entre otros. 

Con más de veinte años de experiencia, es ingeniera bioquímica y doctora en Ciencias en Ingeniería de Bioprocesos y Medio Ambiente por el Instituto Nacional Politécnico de Toulouse, en Francia, por lo que está impulsando a otras mujeres cuya pasión es la ciencia: «Yo desde chiquita, desde que tenía ocho años, siete, siempre me quise ir a Francia, a hacer algo, a estudiar. ¿Cómo? No sé, entonces la misma vida me llevó por esos caminos», comentó la guasavense. 

Debió aprender inglés y francés, vivir cuatro años en Francia, regresar a México y enfrentarse a la realidad de no tener nada o incluso sentirse insegura de sus conocimientos, ya que durante años se especializó en fermentaciones con la producción de alcohol, creando vinos, y México siempre ha sido más de especialidades moleculares. 

Hasta en 2010, y tras la convocatoria de apertura del IPN en Ciidir, logró obtener la plaza de profesora investigadora en el laboratorio de bioenergéticos. Bajo su mando, el lugar pasó de ser un sitio obsoleto, con unas cuantas pipetas, a tener máquinas con valor de más de dos millones de pesos. 

La necesidad y la idea de aportar a la sociedad algo más que la ciencia de laboratorio la llevó a participar en la creación de la primera planta piloto de bioetanol segunda generación, la cual está radicada en Veracruz, y fue construida con tecnológica únicamente mexicana.

El objetivo de esta científica es crear combustible a partir de productos ricos en almidón, azúcar o insectos para sustituir eventualmente a la gasolina, producto del petróleo y altamente contaminante. Dentro de todos los Politécnicos de México, Ciidir Sinaloa es el único que, a su cargo, contribuyó con el estudio y la valoración para lograrlo. 

Durante su paso por la ciencia, Claudia nunca se ha sentido víctima del machismo, comenta que no le ha tocado pelear por un puesto, ya que asegura que luchar es parte de conseguir sus sueños.

Reconoce que lo que le ha jugado más en contra ha sido la burocracia que vive el país a la hora de aprobar proyectos científicos con financiamientos o convocatorias de dependencias como la extinta Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), ahora Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader). 

En México existe la Ley de Promoción y Desarrollo de Bioenergéticos 2009. En esta ley se establece que está prohibido el uso de cultivos empleados para consumo humano para la producción de bioetanol carburante, como grano de maíz, a esto se le conoce como bioetanol de primera generación; sin embargo, es posible producir el bioetanol a partir de otros cultivos, como sorgo dulce y residuos agroindustriales, como el rastrojo de maíz, rastrojo de sorgo, bagazo de caña de azúcar, residuos de la industria del café, entre otros, lo que se conoce como bioetanol segunda generación. Y precisamente en esto consiste el proyecto de la doctora. 

Proyecto ambicioso 

La planta piloto de bioetanol segunda generación opera a partir de residuos agroindustriales y encimas producidas por microorganismos autóctonos y ha tenido un costo de 20 millones de pesos, recurso que fue otorgado por una convocatoria de Sagarpa y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

«La meta principal era desarrollar toda la tecnología y un sistema de producción en planta piloto. ¿Qué quiere decir planta piloto? Es tener la capacidad de producir, de transformar una tonelada de residuos agrícolas, para producir alcohol con fines carburantes, porque el alcohol puede ser con fines de bebidas alcohólicas, en industria farmacéutica, en industria cosméticas, industrial, para limpieza; nosotros es para fines carburantes, como gasolinas», explicó. 

En México solo es posible emplear el etanol carburante en mezclas de gasolina-etanol y se conoce como E15, E10. Esto es, 85 por ciento gasolina, 15 por ciento etanol. 

En este proyecto participaron ingenieros químicos, bioquímicos, economistas, ingenieros electrónicos, eléctricos, mecánicos industriales y contadores que pertenecen a diferentes centros de investigación: «La coordinadora general del proyecto es la maestra Guadalupe Aguilar, que pertenece al Tecnológico de México y se encuentra ubicada en el Instituto Tecnológico de Veracruz», contó la investigadora. 

Recalcó que toda la tecnología con la que se construyó, desde la planta piloto y todos sus complementos, son mexicanos, y fue creada por fábricas que destilan tequila en Guadalajara.

Existen —dijo— otras plantas pilotos de bioetanol en Guadalajara, Michoacán y Tamaulipas, pero son con tecnología extranjera que pueden tener un costo de 60 millones de pesos y un espacio sumamente reducido en comparación con la planta piloto en Veracruz. 

«Las ventajas que se tienen en hacer una planta piloto con tecnología mexicana son los costos, con 20 millones de pesos pudimos desarrollar esa planta piloto, y, además, en nuestro caso en particular, en Ciidir Sinaloa nos equipamos con infraestructura, pudimos adquirir equipos de alto costo, por ejemplo como un UHPLC (Sistemas de Cromatografía Líquida) que nos permite trabajar, que cuesta dos millones de pesos, nos equipamos como centro de investigación», aseguró.

Burocracia en la ciencia 

Llegar a este punto no fue fácil para todos los involucrados en este proyecto científico. La burocracia se vuele siempre su peor barrea. Cristina contó que existe en ocasiones falta de comunicación o una desvinculación entre lo que hace cada grupo de investigación, cada centro de investigación y el sector gubernamental con base en sus estrategias y políticas públicas. 

«Nosotros para que se nos otorgara o saliera la convocatoria (del Gobierno) empezamos a trabajar ya más a fondo, más como grupo interdisciplinario en el 2015. Entonces, 2015, 2017, fueron dos años de estar yendo a México, trabajando en Veracruz, para que saliera la convocatoria. Fueron un montón de factores que se involucran. Ahora la siguiente etapa esperamos que no sea tan larga, pero sí tenemos que empezar a toca puertas ya, creo que principalmente con el Gobierno», expuso.

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