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La ingeniera que busca arte en la innovación

 

Esther Borao participó en el desarrollo de unas gafas que ganaron un concurso de la NASA

Esther Borao, en la puerta del Instituto Tecnológico de Aragón, del que es directora.
Esther Borao, en la puerta del Instituto Tecnológico de Aragón, del que es directora.ALBERTO CASAS

Esther Borao (Zaragoza, 32 años) vivió los primeros años de su vida profesional intentando encontrar la fórmula que le ayudara a unir las dos cosas que más le gustan: la creatividad y la tecnología. Es ingeniera industrial especializada en robótica y electrónica, pero siempre ha tenido una visión muy artística. Esta combinación la ha llevado a ganar concursos de la NASA, colaborar en la creación de respiradores artificiales al inicio de la pandemia y acercar la tecnología a las niñas. Desde octubre del año pasado, es la directora general del Instituto Tecnológico de Aragón, donde ayuda a hacer más competitivas a las pymes buscando soluciones creativas a través de la tecnología.

Siempre le gustaron mucho las matemáticas y los robots, pero también diseñar ropa y la fotografía. Le parece especialmente interesante crear cosas por sí sola y enseñar a otros a hacerlo. Aunque para muchos estos dos mundos habrían sido excluyentes, Borao encontró la forma de aunarlos. “Cuando terminé la carrera tuve una crisis: seguía apasionándome lo creativo y ya tenía mente de ingeniera, pero no sabía cómo sacarle partido a estas dos facetas”. Le salvó la cultura maker, un movimiento que se basa en compartir conocimiento y usar la tecnología y la innovación para resolver problemas.

“Descubrí una web donde mezclaban arte y tecnología para inventar cosas nuevas y me abrió los ojos”, recuerda. A partir de ese momento empezó a saciar su curiosidad formándose para programar con Arduino (una plataforma de código abierto que se utiliza para aprender a desarrollar software) y con otros sistemas de programación creativa. Se implicó en la asociación Makeroni Lab de Zaragoza, con quienes desarrolló unas gafas que permiten que personas en ingravidez puedan controlar objetos utilizando solo la mirada. Este proyecto les llevó a ganar un concurso organizado por la NASA en 2015, pero lo que es más importante para Borao es que esas gafas se acabaron utilizando para ayudar a personas con discapacidad.

Esa misma cultura maker fue la que hizo posible que médicos, programadores e ingenieros trabajaran conjuntamente para crear respiradores impresos en 3D al principio de la pandemia. Esther Borao fue la precursora de Coronavirus Makers, un grupo de profesionales que se unieron para intentar ampliar las existencias de todo tipo de material médico: respiradores, viseras, diademas para mascarillas... “A mediados de marzo me dijeron que se estaban quedando sin respiradores en Italia, y que eso mismo podía pasar en España”, explica. “Se me ocurrió crear un grupo de Telegram para poner en contacto a distintos makers y ver qué podíamos hacer. Dos semanas después éramos 16.000 personas”.

El grupo de makers era tan numeroso que tuvieron que dividirse por regiones y coordinarse. Según Borao, demostró que “con ingenio y buenas ideas se pueden solucionar problemas muy complejos”, pero recalca que ella solo fue quien promovió esta unión de profesionales y que el mérito es de quienes aportaron su conocimiento voluntariamente.

Educación temprana

Buena parte de su carrera también se ha basado en desarrollar proyectos educativos para acercar la tecnología a los más pequeños y ayudarles a descubrir su potencial. “Escuchar a profesionales como el educador Ken Robinson [recientemente fallecido] o el músico y maestro Jorge Ruiz, que hablan mucho del talento de las personas y la creatividad, es una de las razones por las que acabé implicándome también en la educación”, cuenta. “Para ayudar a los niños a encontrar su talento, que desde pequeños conozcan la tecnología y su mente se abra a otras posibilidades. Algo que yo no conocí hasta que llegué a la universidad”.

Para avanzar por este camino, creó la empresa Innovart junto a Luis Martín y Jorge Mata, enfocada a la educación, el desarrollo de proyectos artísticos y la electrónica personalizada. También participó en proyectos donde desarrolló juguetes para enseñar a programar a niños desde los tres años. “Intentábamos que la tecnología llegara a más personas”, dice Borao, que gracias a este proyecto obtuvo una plaza para viajar a Silicon Valley junto a otros 51 emprendedores españoles.

Tras uno de los múltiples viajes que realizó mientras participaba en concursos de todo el mundo, fue consciente de que la creación e incluso el juego con robots está más dirigido a los niños que a las niñas. “Ahora parece una obviedad pero en ese momento fue muy revelador”, cuenta. Empezó entonces a interesarse por el lugar que ocupa la mujer dentro del mundo de la tecnología. “De pequeña, yo misma tenía mil muñecas y no supe que había alternativas que quizá habrían saciado más mi curiosidad”. Se acercó a Cristina Aranda, cofundadora de Mujeres Tech, una asociación que promueve acciones para que se desarrolle más talento de mujeres en el sector digital. Desde entonces, han viajado por EE UU junto a otras emprendedoras, han creado un campamento para enseñar nuevas tecnologías a niñas y celebran un evento anual en Zaragoza con el apoyo de Google.

Desde octubre está al frente del Instituto Tecnológico de Aragón. “De momento, sigo aprendiendo. Nunca antes había dirigido equipos y ahora tengo a 230 personas a mi cargo. Estoy aprendiendo a trabajar con empresas privadas desde el ámbito público y está siendo muy estimulante”, cuenta. “Lo que tengo claro es que la creatividad, la innovación, la educación y la tecnología son cosas que están dentro de mí y van a seguir guiándome”.

Fuente:

elpais.com

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